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Los Valdenses - El Israel de los Alpes - Documental

Rrosado

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Este artículo trata sobre estos tan ignorados cristianos evangélicos de la Edad Media, de más de 4 siglos antes de Lutero (contra las mentiras romanistas que afirman que el cristianismo evangélico nació de una escisión de Roma con este reformador), y de los cuales sus propios verdugos: los inquisidores de la iglesia católico Romana dijeron lo siguiente: "Los herejes valdenses se distinguen por su comportamiento y el habla. Son impasibles y sensatos. No se esfuerzan en llamar la atención con vestidos extravagantes o indecorosos. No son comerciantes con el fin de evitar mentir, jurar o engañar. Viven únicamente del trabajo artesano de sus manos. También sus maestros son tejedores y zapateros. No acumulan riquezas, sino que se contentan con lo necesario para vivir. Comen y beben con moderación, no frecuentan posadas ni van a bailes u otros lugares de mala reputación. Son lentos para la ira. Son trabajadores, se dedican a aprender y a enseñar. Les reconocerán por su manera de hablar: con cordura y veracidad. No difaman, no hablan con palabras vulgares o vacías. Evitan toda expresión que pueda ser mentirosa o de juramento. No dirán "sinceramente" o "de verdad", sino que se limitarán a decir "si" o "no". Según ellos hacen así porque Jesús lo ordenó en Mateo 5:37" (Passauer Anonymus). El movimiento religioso denominado Valdense nació en la Ciudad de Lyon (Francia), con la crisis de conciencia de un individuo llamado Pedro Valdo, quien renunció a sus bienes y tradujo fragmentos de la Biblia a la lengua vulgar. Este movimiento no pretendió romper con la Iglesia Católica pero su predicación no aprobada por las autoridades eclesiásticas amedrentó a los sacerdotes. Esto llevó a que en el año 1184 en el Concilio de Verona se incluyera a los Valdenses entre los movimientos condenados y en el año 1190 el Obispo de Narbona pronunció contra ellos la condena de herejía. Este movimiento religioso víctima de las persecuciones, primero en Francia y luego en otros países, buscaron lugares seguros para refugiarse. Durante varios siglos los Valdenses reclamaron la libertad de conciencia, refugiándose en los Alpes en una región agreste, rocosa y pintoresca protegidos por una importante cadena de montañas en la zona fronteriza Italo-suizo-francés en los cuales se encuentran los valles Pellice, Angrogna, Rorá, Clusón y Germanasca, hoy llamados Valles Valdenses. Hasta éstos Valles llegaron los ejércitos de las cruzadas provocando masacres como la de Merindol y Provenza (1545) y la de Colonia Calabria (1560). Pero nadie pudo doblegar al pueblo Valdense, los sobrevivientes se refugiaron en Suiza y tres años más tarde cruzaron nuevamente las montañas para llegar y no abandonar más el suelo de sus amados valles. En agosto de 1689, un grupo de 900 hombres partieron de Suiza, que los hospedaba, y en 10 días lograron retornar a Bobbio (Glorieuse Rentrèe); en la localidad de Sibaoud, pronunciaron el famoso juramento de fidelidad a sus comandantes, y éstos, a sus soldados. Finalmente tras siete siglos de injusticias y persecuciones el Rey Carlos Alberto proclamó el Edicto de Emancipación con lo cual los Valdenses podían gozar de todos los derechos políticos y civiles de los demás ciudadanos. La fecha de tan importante acontecimiento en la vida de los Valdenses, fue el 17 de Febrero de 1848. Encerrados en sus angostos y poco fértiles Valles, los Valdenses que gozaron a lo largo del siglo XIX de una relativa tranquilidad vieron crecer notoriamente su población. Con ello comienzan las primeras emigraciones, primero hacia el sur de Francia, Suiza e incluso al Cercano Oriente, pero esto no fue suficiente, la población seguía aumentando y el hambre comenzaba a sentirse muy a menudo en los Valles. En el año 1854 luego de una sucesión de años malos para la agricultura, tres mil familias tuvieron que ser socorridas. La pobreza y el hambre reinaba en los Valles. En esas malas épocas llegaron noticias a los Valles de un joven aventurero que se había embarcado en Marsella sin rumbo fijo y luego de seis meses había desembarcado en Montevideo. Era el joven Juan Pedro Planchon que escribía a su hermano en Villar Pellice, en esa carta contaba lo fácil de la vida en Uruguay, un Uruguay que se mostraba generoso, vacío y fértil, fue así que en 1856 tres familias (Planchon Barolin, Baridon Geymonat y Gonnet Salomón) que sumaban once personas, se embarcaron hacia tierras uruguayas dando lugar a la primera emigración Valdense a ese país.

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